O Achatina fulica (nombre científico del caracol africano) es una especie de origen africano, introducida en Brasil a través de una feria agrícola que tuvo lugar en la década de 1980, en el estado de Paraná. Con alta capacidad de reproducción, el molusco se ha extendido a 23 de los 26 estados brasileños y ahora es considerado una plaga que invade y destruye huertas y huertos.
En caso de infestación, la principal medida a tomar es el control a través de la recolección. No se recomienda el uso de pesticidas debido a la alta toxicidad de estas sustancias. La mejor opción es la recogida manual con las manos protegidas con guantes o bolsas de plástico. Este procedimiento se puede realizar en las primeras horas de la mañana o de la tarde, momentos en los que los caracoles están más activos y es posible recolectar la mayor cantidad de ejemplares. Durante el día, se esconden para protegerse del sol.
Después de la recolección, el Plan de Acción para el Control de Achatina fulica del IBAMA recomienda que los moluscos sean triturados, cubiertos con cal viva y enterrados. Otras opciones son verter agua hirviendo en un recipiente para matar los caracoles recogidos o incinerarlos, siempre que estos procedimientos se realicen de forma segura. El material se puede embolsar y desechar en la basura común, pero se deben romper las cáscaras para que no acumulen agua y se conviertan en criaderos de mosquitos, como el Aedes aegypti, vector del virus del dengue.
En Río de Janeiro, los brotes del caracol africano pueden ser notificados a la Defensa Civil.